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6 de enero de 2026

Girasol bajo ataque: claves de manejo para reducir pérdidas por palomas y cotorras

Especialistas advierten que el daño por aves puede provocar pérdidas severas en situaciones puntuales. Qué decisiones de manejo permiten mitigar el impacto en el lote y por qué el problema exige una mirada integral del sistema productivo.

La preocupación por el ataque de palomas y cotorras en lotes de girasol del norte santafesino sigue vigente entre los productores de la región, mientras avanzan lentamente las tareas de recolección. Si bien el daño no es homogéneo, los técnicos advierten que en situaciones puntuales puede alcanzar niveles críticos.

Plagas y sistemas productivos: por qué el problema excede al girasol

Frente a una problemática que se agrava campaña tras campaña, especialistas advierten que el manejo debe abordarse con una visión sistémica e interinstitucional, mientras recomiendan estrategias agronómicas concretas —como la elección de híbridos y la cosecha anticipada— para disminuir el impacto de las aves sobre el rendimiento.

En los últimos meses, productores santafesinos y chaqueños alertaron por pérdidas crecientes en girasol en pleno desarrollo, principalmente por el ataque de palomas y cotorras. El reclamo derivó en la convocatoria de la Comisión de Protección Vegetal Santafesina (Coprovesa), que reconoció la magnitud del problema pero decidió postergar la declaración de plaga, al tiempo que conformó dos equipos técnicos: uno para delimitar las zonas más críticas y otro para diseñar propuestas de manejo.

El planteo productivo coincidió con la media sanción en el Senado provincial de un proyecto del legislador Rodrigo Borla, que propone declarar plaga la superpoblación de palomas en todo el territorio santafesino. La iniciativa, que deberá ser tratada por la Cámara de Diputados durante 2026, sostiene que estas aves representan una amenaza no sólo para la producción agropecuaria, sino también para el patrimonio urbano y la salud pública.

Cuándo comienzan los daños por palomas y cotorra en el girasol

Desde el punto de vista técnico, el ingeniero agrónomo y magíster Sebastián Zuil —docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Litoral, integrante de ASAGIR y asesor privado— explicó que el daño por aves en girasol no es generalizado, sino altamente focalizado. “No es un daño parejo en todos los lotes. Las aves seleccionan determinados lotes y se empecinan con ellos, generando pérdidas muy elevadas”, señaló en diálogo con el programa 6 AM de AIRE de Santa Fe.

Según detalló, los lotes más vulnerables son aquellos ubicados cerca de cursos de agua, montes, dormideros, líneas arboladas, eucaliptus o tendidos eléctricos, ambientes que facilitan el descanso y la concentración de las aves. Relevamientos realizados junto al INTA Reconquista entre 2010 y 2012 detectaron situaciones extremas, con pérdidas de entre 50 y 70 % del rendimiento en sectores puntuales, mientras que en otros casos el daño se concentró en los bordes del lote y se diluyó hacia el interior.

Zuil remarcó además la necesidad de diferenciar el comportamiento de las especies involucradas. Las palomas y las cotorras generan daños con dinámicas distintas. Las primeras forman colonias de gran tamaño y están fuertemente asociadas a la disponibilidad de alimento, lo que explica su mayor impacto potencial. En girasol, la paloma comienza a causar daño cuando el cultivo ya se encuentra maduro, en las etapas finales previas a la cosecha.

Las cotorras, en cambio, suelen presentar poblaciones menores, pero atacan mucho más temprano. “Prácticamente desde floración empiezan a comer, y no sólo grano: consumen capítulo, receptáculo, tallo, y también afectan cultivos como maíz y sorgo”, explicó el especialista, quien subrayó que, por su comportamiento, la cotorra resulta altamente destructiva aunque el daño total pueda ser más localizado.

Manejo del girasol frente a plagas de aves: herramientas disponibles

Desde una perspectiva agronómica, el girasol resulta especialmente susceptible al ataque de aves debido a su morfología: el grano queda expuesto en un capítulo de orientación vertical, lo que facilita el consumo. No obstante, Zuil destacó que existen estrategias de manejo que permiten reducir las pérdidas, principalmente frente a palomas.

Una de ellas es la elección de híbridos con capítulos decumbentes o inclinadores, que durante el llenado de grano tienden a “esconder” el capítulo dentro del canopeo, entre 20 y 25 centímetros por debajo de las hojas. Esta característica reduce significativamente el acceso de las aves al grano, aunque se trata de una decisión que debe tomarse al momento de la siembra y funciona como medida paliativa cuando la presión de aves es muy alta.

En todas las regiones de la provincia se registran daños por aves en el girasol.

La segunda herramienta clave es la cosecha anticipada mediante el uso de un desecante, una práctica que permite acortar el período en el que el cultivo queda expuesto al ataque. El girasol alcanza la madurez fisiológica del grano varios días antes de estar en condiciones de ser cosechado mecánicamente. A partir de ese momento, la aplicación de un desecante acelera el secado de la planta sin afectar la calidad del grano, habilitando una cosecha entre 10 y 15 días más temprana.

Determinar el momento correcto requiere un monitoreo preciso. En girasol no existen indicadores visuales claros, por lo que se recomienda registrar la fecha de floración y aplicar el tratamiento cuando hayan transcurrido aproximadamente 35 días y la humedad del grano sea inferior al 28–26 %. “De esta manera se le quita tiempo a la paloma para que consuma el grano, y la reducción de pérdidas puede ser significativa”, explicó Zuil.

Sin embargo, el especialista advirtió que estas prácticas tienen menor efecto frente a cotorras, ya que el daño comienza mucho antes. En esos casos, el control de nidos puede ser una herramienta útil, dado que la cotorra presenta un radio de desplazamiento relativamente corto. La paloma, en cambio, puede recorrer hasta 200 kilómetros en busca de alimento, lo que dificulta cualquier estrategia de control local.

Plagas de aves y sistemas productivos: por qué el problema excede al girasol

Para Zuil, el núcleo del problema excede al girasol y debe abordarse desde una visión sistémica. “La población de palomas no está determinada por el girasol, sino por la cantidad total de alimento disponible en el sistema productivo”, explicó. Sorgo, maíz, soja, trigo, pérdidas de cosecha, granos derramados durante el transporte, acopios, feedlots y sistemas ganaderos aportan recursos que sostienen poblaciones elevadas de aves durante todo el año.

Desde esta mirada, eliminar o reducir un solo cultivo no resuelve el problema. Sin una mejora integral en las prácticas de cosechalogística y manejo de residuos, las poblaciones de aves se mantienen altas y el daño se desplaza entre cultivos.

En ese marco, el ingeniero consideró que una eventual declaración de plaga podría ser una herramienta valiosa, siempre que esté acompañada de un plan de acción concreto. “Declarar plaga sin herramientas de reducción poblacional es sólo un instrumento legislativo sin efecto real”, advirtió. Además, subrayó que se trata de especies que no respetan límites políticos, por lo que una regulación provincial debería articularse a nivel regional o nacional, especialmente en las zonas girasoleras.

Fuente: Aire Agro

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